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viernes, 4 de noviembre de 2016

Para estar al tanto

Aquí donde arraiga el victimismo con suma facilidad. Aquí donde el clan habla en nombre del pueblo cada dos por tres. Aquí donde muchísimos de los que agitan banderas independentistas viven bien colocados en las administraciones públicas o gozan de espectaculares subvenciones. Aquí donde los que más tienen son los que más se quejan… Si aún no salta a la vista el rincón del mundo desde el que me he parado a escribir, dejo claro que se trata de ese pedazo de España que se conoce por Cataluña. Desde este preciso territorio urge aclarar, sobre todo en tiempos como los que corren, que aquel que mata a su convecino a golpes de urna no es un demócrata sino un asesino. Y por si quien esto lee tiene un día de aquellos en los que anda con la mollera dura, adjunto otra evidencia que arroja algo más de luz sobre la anterior, el que cuelga “esteladas” en los colegios electorales no es un buen patriota sino un tramposo.

viernes, 19 de agosto de 2016

Independentistas versus civismo

Muchísimos de los que dicen ser de izquierdas en la Cataluña independentista, paradójicamente, también viven a lo duque o, mejor dicho, como verdaderos “príncipes” en el seno de una sociedad en la que la mayoría de la población subsiste con gran modestia, cuando no en la mismísima miseria. Estos sujetos, asimismo, dejan claro, cada dos por tres, que su proceder político parece guiado por aquella máxima atribuida a Nicolás Maquiavelo (el fin justifica los medios). Y por si lo anteriormente referido no fuese suficiente para retratar cabalmente a estos individuos destacados de la casta de Cataluña añadiría que han sido demasiadas las veces en las que han sostenido posturas políticas propias de siglos pretéritos para gran inquietud de sus conciudadanos.

viernes, 8 de abril de 2016

Algo no hago bien

Si omiten mi nombre en las miserables listas de “traidors a la pàtria” que contienen numerosas publicaciones subvencionadas por el régimen independentista de manera directa o indirecta (inundando con ellas ayuntamientos, bibliotecas...) seguro que no es por dedicar poco tiempo y energías a combatir a tantos patriotas de salón emperifollados con señeras o banderas estrelladas que corren por esta tierra en la que nací. Teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, no me queda más remedio que admitir que me falta algo más de caletre para hallar el modo de que el próximo paniaguado del sistema político imperante en este rincón de España me incluya en la siguiente enumeración de “traidores a Cataluña”. Para mí sería todo un honor que alguno de estos sujetos me ubicase ideológicamente en las antípodas de Jordi Pujol, Artur Mas, Carles Puigdemont, esa gente de TV3, los del Grup Koiné y todos los independentistas fanatizados que desde instituciones públicas en Cataluña me han conculcado derechos inalienables de modo salvaje y totalitario.